La Navidad como chantaje

Estando con mi hijo, en estas fechas, las personas le preguntan: Oye, pero ¿tú te has portado bien? ¿Has estado juicioso? Toca que estés juicioso para que el Niño Dios te traiga regalos. Toca que ¨hagas caso¨ para que Papá Noel te tenga dentro de su lista de regalos…

Yo me detengo un momento, respiro profundamente, y analizo la situación. Veo la cara de mi hijo, que no entiende a qué se están refiriendo, veo la cara del adulto, esperando una respuesta del pequeño ¨claro que me he portado bien, claro que he estado juicioso, claro que he hecho caso¨… Y en ese momento, respiro profundamente y me doy cuenta de la herida tan grande que existe en nuestra sociedad.

Veo cómo se repiten, una y otra vez, patrones de maltrato, de chantaje, de miedo, que los adultos buscan impartir en nuestros niños/as.

Esta costumbre…. MALA costumbre que se tiene de usar la Navidad como chantaje, como mecanismo de miedo, y como la perfecta oportunidad para que los adultos hagan lo que quieran con los chiquitos/as.

Usar la Navidad como la forma para que los niños ¨hagan caso¨, obedezcan, no lloren, no griten, NO SEAN NIÑOS, es una forma de maltrato. Si tú utilizas la Navidad como chantaje, tienes una INMENSA oportunidad de crecimiento. Te invito a mirarte para adentro, y saber que de ti depende cambiar los patrones con los que fuiste criado/a.

Cuando chantajeas a un niño, lo vuelves vulnerable, lo vuelves ansioso, lo vuelves débil, lo conviertes en un niño/a que hará todo para agradar y satisfacer al adulto, con tal de recibir un regalo.

¿Quieres saber una historia? El 85% de los Abusos Sexuales Infantiles en el mundo, son perpetuados por personas cercanas al niño/a. Personas que se han ganado la confianza de este pequeño, y que por tanto, logran manipular, chantajear y manejar al niño como les place. Cuando tu como padre, como su principal figura de referencia, ¨normalizas¨ el chantaje y la manipulación, el niño/a no tendrá el criterio suficiente para diferenciar cuándo está en peligro y cuándo no. En cambio, si el niño, de parte de su principal figura, recibe todo lo contrario (un trato amoroso, tierno, sin condiciones, sin chantajes, sin manipulaciones), en el momento en que algún adulto se acerque a hacerle daño y maltratarlo, sabrá identificar fácilmente que está en peligro, y así, podrá correr y pedir ayuda.

Como padres de familia, tenemos la responsabilidad de formarnos, de romper patrones, de transformar “tradiciones” de crianza, para así, hacer niños más autónomos, confiados, seguros y por ende, ¡protegidos!

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